Tips para escritoras: escribir a partir de lo subrayado

Hace unos días organicé un live con mi querida musa y brava Alicia Dimnet (@diment.alicia) bajo el título «La lengua de lo que se subraya», en el que conversábamos sobre la necesidad de marcar los libros que nos remueven. ¿Pero qué se esconde tras la lengua subrayada? ¿Somos lo que resaltamos? ¿Cómo afecta este proceso en nuestra creatividad a la hora de escribir?

A mí, personalmente, subrayar me estimula el intelecto, como si al pasar el marcador por cada una de las líneas, una agujita diminuta me fuera punzando y activando distintas partes del cerebro. De hecho, lo considero una herramienta de vital importancia ante, por ejemplo, un bloqueo creativo.

¿Desde qué punto parto? Utilizo, fundamentalmente, tres tipos de procesos:

La palabra como raíz

Consiste en marcar una palabra que nos haya resonado (bien por su sonoridad, bien por su significado) y usarla como punto de partida en la elaboración de nuestro texto. Por ejemplo, algunas de las que he subrayado en las últimas semanas son: piafante, laniante, nientitud o telúrica. Además, pueden ser palabras que no hayas escuchado nunca (a mí me encanta descubrir nuevos vocablos y valoro mucho cuando una obra me obliga a levantarme y coger el diccionario).

¿Qué escribirías a partir de las que te acabo de citar?

El concepto como contexto

En otras ocasiones, lo que subrayo no es una palabra, sino un concepto. Suelen ser bloques de texto un poco más amplios que implantan en mí una idea nueva, una reflexión sobre la que no había pensado o incluso, a veces, algo sobre lo que sí había reflexionado con anterioridad, pero nunca me había parado a escribir con detenimiento (como me ha pasado recientemente con el concepto del exilio).

El sentimiento como latir

A menudo, sin embargo, lo que me remueve no son palabras o conceptos, sino sentimientos generados ante la hoja que tengo delante. Como si una mano invisible tocara esa tecla exacta de mi alma que transforma la quietud que presento cuando leo en sentimientos de nostalgia, éxtasis, dolor, júbilo o ternura, cargándome de viveza por completo. Pero es que, como periodista, no necesito sentir cuando redacto; en cambio, como escritora, no sé escribir sin el corazón henchido de pasiones.

¿También te pasa a ti?

Foto de portada por Green Chameleon en Unsplash

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