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Eugenia Tenenbaum: literatura, arte y feminismo

Especializada en Historia del Arte con perspectiva de género, está a punto de publicar su primer libro La mirada inquieta: Cómo disfrutar del arte con tus propios ojos.

Conocí a Eugenia hace varios meses como se conoce actualmente a la mayoría de la gente con la que intercambiamos un par de palabras: a través de las redes sociales. Alguien decidió compartir uno de sus posts y, seguidamente, entré en su perfil a indagar en el resto de sus publicaciones. Enseguida se convirtió en una de mis cuentas favoritas. Muchos la catalogan hoy en día como influencer, la palabra de moda. Sus casi 80K seguidoras en Instagram avalarían tal afirmación si no fuera porque, además de acumular miles de followers en sus redes, Eugenia es, fundamentalmente, divulgadora y creadora de contenido. ¡Y qué contenido!

Con 26 años recién cumplidos, esta gallega afincada en Madrid se ha convertido en una de las cuentas más relevantes del panorama cultural español. Y ha hecho de ello su profesión (puedes apoyarla haciéndote mecenas desde 3€ en su canal de Patreon). Por eso, cuando le escribí para hacerle una entrevista en la radio, fue una alegría enorme que me dijera que sí. Nunca me hubiera imaginado estar tomando café y hablando de arte, libros y feminismo con Eugenia Tenenbaum.

Acudo a nuestra cita digital con un vestido rojo del mismo tono que el carmín de mis labios. A juego también con la característica tonalidad del pelo de Eugenia, que ya todas conocemos. Al otro lado de la pantalla, me dedica una sonrisa. La cercanía es otro de sus sellos de identidad.

Es tan importante estar de acuerdo conmigo como no estarlo

Al comienzo del programa, le pregunto por la gestión de sus redes sociales: «tengo una comunidad en la que todas queremos revisarnos y repensarnos». A lo que añade: «yo no existo en las redes sociales para que la gente me dé la razón, sino que lo hago para expresarme. Es tan importante estar de acuerdo conmigo como no estarlo; pero, sobre todo, que todo se construya siempre a través del diálogo».

Está claro que, la mayoría de las personas que seguimos a Eugenia, lo hacemos porque la admiramos. Pero un perfil como el suyo, que invita al escozor y la incomodidad propias de la autocrítica, no siempre es bien recibido por todos. «Parte de esto viene por esa deshumanización que se da cuando llegas al perfil de una persona que tiene más o menos seguidoras. Yo eso lo veo, además, a través de dos vertientes: la que me deshumaniza y demoniza o la que me idealiza».

Durante la conversación, no puedo evitar preguntarle por el momento en el que supo que iba a escribir un libro: «recuerdo que estaba tan nerviosa que estaba sonriendo, pero al mismo tiempo con las lágrimas de decir… Madre mía, ¡qué es esto!» Un libro que va a salir publicado el próximo 11 de mayo y que, por supuesto, va a versar sobre arte y feminismo. «He intentado que este libro sea una combinación entre lo tradicional y lo crítico».

Los veinticinco minutos que dura el programa de radio se me pasan volando. Quiero seguir preguntándole, quedarme un rato más hablando con ella. Pero, al igual que ocurre en los cuentos de hadas, las campanadas solo son el aviso que rompe la magia.

Un piquiño fuerte, que diría Eugenia.

Haz click aquí para escuchar la entrevista completa.

Fotos de portada y texto: Instagram de @eugeniatenenbaum

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3 cuentas de Instagram para vestirnos en cuerpo y alma

Creo que es la vez que más propósitos me he propuesto cumplir en un año. Un año que, al menos para mí, siento que va a ser decisivo en muchos aspectos de mi vida. Pero es que, si antes solía escribir el 1 de enero cosas tan generalistas en mi agenda como «tengo que hacer ejercicio» (sin indicar los objetivos físicos ni la periodicidad) o «voy a leer más» (sin marcarme una meta medible ni el tipo de lecturas que me gustaría indagar), este año he escrito muchos más por el simple motivo de que, básicamente, he desglosado cada una de esas generalidades en puntos mucho más abarcables y tangibles.

¿Uno de los que me he puesto?

Hacer limpieza en mi Instagram. No en el sentido de dejar de seguir cuentas a mansalva (porque, aunque muchas de ellas no me interesan intelectualmente, pertenecen a seres queridos con los que quiero seguir manteniendo el contacto), sino más bien en el de consumir perfiles atrayentes que me calen de buenas vibras o sapiencia.

Lo necesito.

Porque me he dado cuenta de que en el 2021 he gastado muchas horas mirando stories y posts de personas que no me aportaban absolutamente nada. Y ese tiempo, aunque fuera en mi espacio de ocio, era tiempo mal invertido.

Tiempo. Justo lo más valioso que tenemos.

¿Y te cuento cuáles han sido los tres perfiles que más me han conquistado en ese proceso de búsqueda y limpieza en los últimos días?

Lee Ann Wiemers, de @greykins

Sarah Mantelin, de @sarahmantelin

Polly Florence, de @polly.florence

Lo que todas ellas tienen en común: paisajes solitarios y lluviosos, oda a todo lo bucólico, librerías vintage, mucho coffee moment, recreación de planes cozy súper apetecibles y, por supuesto, looks de inspiración literaria.

¿Qué más se puede pedir?

IMÁGENES INSTAGRAM | greykins | sarahmantelin | polly.florence

Foto de portada por Julia Kicova en Unsplash

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Jólabókaflód, la tradición islandesa que inunda nuestra casa de libros en Navidad

En Islandia, el mejor regalo que puedes a hacer a alguien a quien aprecias es un libro. Especialmente en la temporada que va de noviembre a diciembre, en la que los islandeses se lanzan a comprar nuevas lecturas para después degustar en Nochebuena y Navidad, donde la gente se reúne a leer y pasar una velada tranquila al amor de la lumbre.

¿Te seduce el plan?

A mí, desde luego, muchísimo. De hecho, desde que conocí esta bella tradición —hace ya algunos años —, he decidido incorporarla también a mi vida.  Y no solo en Nochebuena y Navidad, sino también en Nochevieja, Año Nuevo y Reyes.

¿Te imaginas comenzar el año leyendo un buen libro, con una copa de vino, dejando de lado los brillos y las salas de fiesta y, en su lugar, optar por un atuendo literario del siglo XVIII y música de piano de fondo?

Soy de las que creen que, según cierras e inicias los ciclos, así te va a ir el resto del año. A lo mejor es una absurda superstición, pero me encantan los rituales y la ornamentación psicológica en este tipo de fechas: ¿cómo preparo emocionalmente mi mente para todo lo que está por venir?

Así que, como quedan poquitos días para que llegue el 2022, te pongo triple tarea:

  1. Escoger un atuendo de uno de tus personajes literarios favoritos y recrearlo la noche del 31 de diciembre.
  2. Elegir un buen libro para despedirnos del 2021.
  3. Preparar una bebida caliente típica navideña (te dejo una receta súper sencilla aquí abajo) y degustarla mientras disfrutas de tu lectura.

¿No te parece un súper planazo?

RECETA GINGERBREAD LATTE

Se trata de un café caliente y delicioso, ideal para combatir el frío. Por eso, es una de las recetas más famosas de cafés navideños de los últimos tiempos.

Ingredientes:

• 120 ml de tu café favorito.

• 220 ml de la leche que más te guste (si lo quieres con mucha espumita, mejor que sea entera).

• ½ cucharadita de canela en polvo.

• ½ cucharadita de esencia de vainilla (con unas gotitas de esencia de naranja también queda muy navideño).

• Una cucharadita de sirope de jengibre (si no tienes, también vale jengibre en especia).

• Opcional: nata montada para decorar (a mí me gusta más la propia espuma de la leche).

• Un poco de cacao en polvo para decorar por encima.

Preparación:

1. Prepara los 120ml de café en la cafetera.

2. Vierte el café en tu taza y mézclalo con el jengibre (ya sea en sirope o especia) y después haz lo mismo con la esencia de vainilla (o naranja).

3. Añade 220 ml de leche previamente emulsionada.

4. Llena lo que queda de la copa con la nata montada.

5. Decóralo al gusto con cacao en polvo.

¡Y ya está! Felices fiestas, querida musa.

Foto de portada por Miriam Przybylo en Unsplash

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El papel de las mujeres pelirrojas en la literatura

Nacer con el pelo rojo en la Edad Media era signo evidente de brujería, hasta el punto de que el Papa Inocencio VIII incluyó a las personas pelirrojas en su «Malleus Maleficarum», un catálogo de posibles herejes que eran condenados a la hoguera. De hecho, esta creencia germánica, que tuvo lugar entre 1483 y 1784, ocasionó el asesinato de 45.000 mujeres, que fueron torturadas hasta la muerte por su color de cabello.

Si nos vamos al mundo del arte (especialmente durante El Renacimiento), vemos la representación de la mujer pelirroja como símbolo de erotismo, prohibición y pecado. No hay más que observar «El nacimiento de Venus» de Botticelli, algunas de las musas pelirrojas de Gustav Klimt, el «Lady Lilith» de Dante Gabriel Rossetti, o incluso las distintas representaciones que apreciamos en la figura de María Magdalena.

Lo que es un hecho constatado es que las mujeres pelirrojas siempre me han acompañado a lo largo de mi vida, a través de mis libros. Mujeres como Pippi Calzaslargas (mi primera pelirroja), que me enseñó a ser libre e independiente. Otras como Ana Shirley, quien me robó el corazón y me mostró la importancia de ser «una única». Princesas Disney como Ariel, que me conquistó en mi más tierna infancia y con la que comparto, curiosamente, ese instinto de cruzar el océano por un amor (im)posible. Personajes como Ginny Weasley, una de mis chicas favoritas en Harry Potter, porque siempre me he sentido un poco bruja. O como Mérida de«Brave», con la que comparto esa admiración por el tiro con arco y un especial regusto por saltarme el orden establecido.

Sin embargo, no sé de dónde me viene exactamente esta fascinación por el papel de las mujeres pelirrojas en la literatura. No sé si se debe a su personalidad fuerte y salvaje. No sé si viene derivado de su esencia indómita y exótica. O quizá de su carácter asociado a la naturaleza (elfos, hadas y duendes han sido representados a menudo en las ilustraciones literarias con cabellos rojos o anaranjados). Pero lo que sí sé es que quería que una de ellas, una mujer pelirroja de cabellos corales, ocupara la portada de mi siguiente libro.

Y aquí la tenéis.

La he bautizado como Brigid, en honor a la diosa celta del fuego, que también era conocida como «La poeta», y que va a ser desde hoy y para siempre la protagonista de todos esos versos que me palpitan y que constituyen mi primer poemario «El sonido de la limerencia», que saldrá publicado este otoño.

Foto de portada por Pietra Schwarzler en Unsplash

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