Querida musa: sé niña otra vez

Querida musa,

llega uno de los meses más nostálgicos del año. Para unos, una etapa de ilusión desvanecida; para otros, una excusa de reencuentros y cambios.

Sea como fuere, diciembre siempre se presenta sereno, con esa gélida mirada que se clava directamente en tu pupila, haciéndote encoger cada uno de tus latidos.

Sí. Diciembre siempre me hace tener el corazón en un puño.

Recuerdo a los que ya no están. Echo de menos a los que no veremos. Me regocijo por los que sí están y con los que sí compartiremos. Pero, sobre todo, me reencuentro con esa Andrea a la que se le iluminaban los ojos la noche del 24. Esa Andrea que debía irse a dormir pronto si quería tener regalos, pero a la que le podían los nervios y, como consecuencia, la vigilia.

Indudablemente, diciembre es un mes de recuerdos y reuniones, especialmente de aquellas que tenemos con nosotras mismas. Esas son, si caben, las más importantes de todas porque, por un momento, sentimos que no hemos perdido la magia.

A pesar de la senectud del tiempo.

Aun con nuestras circunstancias y escenarios.

Querida musa, quisiera que estas Navidades tan proscribes (y a la vez tan indelebles) te reencontraras con esa niña que fuiste y todavía sigue existiendo, que la miraras a los ojos y le tomaras de la mano, que te tomaras un chocolate con ella y le contaras todo lo que necesita(s) oír (puedes hacerlo en forma de carta).

Es muy importante que estas Navidades no perdamos la esperanza, recuperemos el espíritu, el brillo de nuestra mirada. Para mí es muy importante cerrar los ciclos con gratitud y misericordia y eso solo podemos conseguirlo cuando nos rescatamos y nos llenamos de amor del bueno.

¿Te acuerdas de las Navidades que pasabas de niña?

Quizá, solo quizá, sea momento de revivirlas de nuevo…

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