Querida musa: ¿qué pasa cuando dejamos de latir?

Querida musa,

llevo ya casi una semana desconectada del mundo digital y… ¡qué sensación de libertad tan grande! Sé que seguramente leas todo esto a mi regreso, cuando vuelva a instalarme Whatsapp, Facebook e Instagram en el teléfono (qué perecita), pero quería pasarme por aquí para saludarte y decirte que estoy bien y muy feliz. Estos días me están sabiendo a gloria. Estoy haciendo mil cosas, pero también estoy teniendo mucho tiempo para mí. Ya no sabía lo que era tenerlo. Y estoy escribiendo como nunca: en un nuevo poemario que he comenzado, en mi diario, en las cartas que estoy enviando, en mi cuaderno de notas y pensamientos, en mi reciente agenda estoica…

Cuando no tienes más distracciones que el papel, te centras en lo que (te) importa.

Ahora entiendo a toda esa gente que se retira a vivir al campo, alejada de casi todos sus bienes (que de bienes muchas veces tienen más bien poco) y, especialmente, del ruido. El ruido resulta ensordecedor, principalmente cuando vives en una ciudad y tienes que atender a tanta gente, ya sea en el día a día o a través de una pantalla. Está claro que las redes sociales muchas veces nos alejan, en vez de acercarnos. Al menos yo sentía que ya no me llenaban como lo hacían antes. Que mi esfuerzo tampoco se veía recompensado (por aquello del algoritmo). Que estaba metida en una espiral de adicción en la que cada vez necesitaba pasar más tiempo, pero a la vez todo tenía menos sentido.

Un sinsentido…

Y, por todo ello, decidí parar. Otra vez. Exactamente igual que hace un año. Solo que esta vez nadie me ha impuesto mi confinamiento (que de confinada tengo nada). Además de leer y escribir, estoy saliendo a pasear, a respirar el aire del campo, a que el sol roce levemente mi piel, a hacer ejercicio, a apuntar muchas ideas para mi vuelta…

Siento que estoy volviendo a vivir.

Porque una persona puede dejar de latir, aunque el corazón le siga bombeando.

Está claro que en la vida siempre vamos a tener que hacer cosas que no nos gusten demasiado, pero yo ahora quiero centrarme en aquello que me late. Y no estoy hablando únicamente de la escritura. Sino también de las relaciones intra e interpersonales, es decir, de las relaciones con el mundo y conmigo misma.

Es muy importante lo que decimos y cómo lo decimos. Lo que pensamos y cómo lo pensamos. El contenido es esencial, pero su forma, el cómo, siempre se encuentra en la cúspide de la importancia, por encima incluso de lo que se dice o piensa.

Querida musa, te deseo un muy feliz comienzo de abril, uno de mis meses favoritos, y nos vemos en menos de lo que imaginas.

Aunque estoy muy bien, te echo de menos y me haces falta.

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