Querida musa: octubre es el mes de los placeres

Querida musa,

y entonces llega octubre y… ¡ay! Yo me envuelvo en la nostalgia porque esta (la nostalgia) es una de las sensaciones más placenteras que existen.

nostalgia

Del lat. mod. nostalgia, y este del gr. νόστος nóstos ‘regreso’ y -αλγία -algía ‘-algia’.

1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.

2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

¿Quién ha dicho que la añoranza no se saborea con regusto?

Me encanta sentarme en la mesa de la ventana y tomarme una tacita de chocolate caliente mientras observo cómo patinan las gotas impasibles por el vidrio de la ventana. Es uno de mis mayores placeres, desde luego. Pero también tengo muchos otros que me recorren el cuerpo como ese dedo que se desliza por una espalda desnuda, ávido por descubrir todos sus tesoros…

Por ejemplo, me encanta cobijarme bajo una manta “salitosa” en los días más frescos del otoño; o volver a sacar del armario mis eternos jerséis de lana (aprovechemos que ahora han regresado los chalecos de punto); o darme una ducha bien caliente, de esas que dejan todo el espejo del baño empañado; o aprovechar el mal clima para quedarme en casa leyendo, envuelta a modo de ovillo con unos de esos calcetines pomposos que son tan bonitos cuando los ves en la tienda, pero que se quedan como un caniche mojado con la primera lavada.

Sí, definitivamente, el otoño me pone muy nostálgica. Y eso me encanta porque creo que la nostalgia da pie a algunos de los placeres más deleitables que existen. Y te salen más ideas, y te surgen más palabras, pero, paradójicamente, disfrutas más del silencio que se extiende sobre esa alfombra reconocible de ocres y marrones que tanto te gusta.

Así. Otoño tras otoño.

Y la quietud se transforma en regocijo y el regocijo en un amplio abanico de aromas que van directos al paladar.

Querida musa, octubre, sin lugar a dudas, es el mes de los placeres.

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