Querida musa: nuestra feminidad se nutre de nuestra magia

Querida musa,

noviembre siempre se presenta como un mes muy espiritual para mí. Por ello, te invito a mirar dentro de ti y rescatar tu naturaleza. ¿De qué está revestida?

Últimamente estoy indagando mucho acerca de la feminidad y la magia, con la certeza absoluta de que ambas se nutren y complementan. Pero es que la mujer que se descubre (ante la vida, y no solo ante el espejo), se conjura y hechiza. Y creo que no hay mejor día para hablar de todo esto que la antesala a la noche de las brujas.

¿Por qué tanto miedo a la palabra prohibida?

¿Por qué tanto recelo y extrañeza a algo que forma parte del entorno natural en el que fuimos creadas y depositadas?

Despreciar todas esas cualidades que nos subyacen es vivir bajo la creencia de que debemos ser domadas y vencidas.

Ser bruja…

Ser bruja no es más que aceptar y abrazar nuestra esencia subversiva. Ya lo fue Lilit antes que Eva. Todas lo somos, de hecho, desde el momento en el que somos pensadas y concebidas. Aunque históricamente siempre ha causado miedo y desconfianza el poder que ejerce dicha rebeldía.

No te preocupes, es normal que te sientas incomprendida.

Pero tienes que saber que la desavenencia siempre florece y germina. De hecho, echa raíces, tallos y poliniza otros muchos campos.

Por eso, ahora, volvamos al inicio: ¿de qué te encuentras revestida?

Nuestra feminidad se nutre de nuestra magia, amiga.

Y noviembre es el mes en el que más nos honramos y renacemos (por algo, y según la antigua perspectiva celta del año, la rueda vital se inicia el Día de Todos los Santos, y no el 1 de enero).

Lecturas recomendadas para este mes de noviembre:

«El libro de Lilit», de Guadalupe Grande.

«Wicca para principantes», de Lisa Chamberlain.

«Mujer incómoda», de Vanessa Rosales.

«Tres lunas llenas», de Irene Rodrigo.

Foto de portada por Paige Cody en Unsplash

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