Querida musa: febrero es para vestirse en cuerpo y alma

Querida musa,

a veces me pongo a escribir sin rumbo, sin saber muy bien a dónde dirigirme, pero es que la vida es exactamente igual que la poesía: se siente, se experimenta, aunque nunca hallemos su porqué.

Hoy estoy así frente a ti: viviendo y escribiendo (puede que un poco más de la segunda) y con el horizonte perdido en alguna parte de mi cabeza.  

[A menudo me cuesta mucho encontrarme]

Pero creo que es necesario perderse para desenterrar nuevos tesoros (sí, la vida también es eso, la búsqueda de un cofre pirata) y entonces estaba pensando que febrero es el mes perfecto para viajar a nuestra alma y rescatarnos.

¿Cuántas veces conversas contigo misma?

Conversar no es solo hablar. Es ponerse atención, medir cada palabra, saber respetarse los turnos, concentrarse y reflexionar. La evolución no existe sin reflexión.

Por eso, quiero que este mes cojas el mapa y te lances a la aventura, que indagues, te preguntes, te (re)descubras. Dicen que febrero es el mes de amor y yo añadiría lo del “propio”. No se puede amar (de verdad, con la misma cantidad de fuerza que de ternura) si una no se ama a sí misma. Y para amarse hay que conversarse. Mucho. Muchas veces. En profundidad. No basta solo con soltar cuatro vocablos bonitos delante del espejo.

[Cuando te conversas, la mente se pone en modo poético]

El 2020 nos hemos vestido en cuerpo y este año, además, vamos a hacerlo también en alma. Y vamos a dedicarnos muchos versos y muchas canciones y también muchos silencios y muchas pausas.

[Sí, el silencio y la pausa también forman parte de la conversación]

Y te aseguro que, si sigues estas indicaciones, en algún momento hallarás el cofre del tesoro, que no es el fin de la aventura, sino el comienzo de la siguiente: tú misma.

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