Querida musa: eres dueña de tus palabras y esclava de tus silencios

Querida musa,

imagínate… llevas un sombrero orgánico y un vestido en color blanco adlib. Concretamente, ese que tanto te gusta y que tantos suspiros ha robado a su paso en las calitas de Formentera. Pero ahora estás en el campo. Todavía no han pasado la siega y tú recoges un ramo de flores secas silvestres. A lo lejos, un manantial; a lo cerca, un enjambre de abejas que te adormece con su zumbido. Entonces comienza a sonar Yes Sir, I Can Boogie”, de Baccara, y aprovechas el frenesí para tomar un sorbo de agua fría con jengibre y rodajas de limón con el fin de refrescar tu garganta. Y comienzas a danzar y a cantar a pleno pulmón en la quietud de las espigas doradas que reposan en una calmosa tarde estival…

Siempre lo digo: es necesario reiniciarse cada cierto tiempo y no dejar nunca que la nostalgia evocada nos trunque los planes ni los sueños.

¿A qué rincón del mundo te escaparías?

Ahora cierra los ojos y escucha. El verano suena a V de verbena. ¿Te llega el olor del jazmín? Pero es que el 23 de junio es noche de San Juan y el aroma de las flores se entremezcla con el humo de la hoguera. ¿Qué te apetece quemar?

Reconozco que siempre he mantenido una extraña relación con el fuego, pero este año me he propuesto no quemar absolutamente nada de lo que me ha atormentado. Las tormentas, especialmente las que traen truenos y relámpagos, nos ayudan a reencontrarnos. En su lugar, propongo enviarnos una carta como ritual, esa que jamás nos atrevimos a escribirnos.

Definitivamente, ser una misma no es fácil. Ni siquiera cuando te conoces y reconoces al otro lado del espejo. La clave está en seguir, en no detenerse, pero sin dejarse tirada por el camino.

Espérate.

Las prisas a menudo nos hacen andar demasiado, pero sin conducirnos a ninguna parte. Todavía tienes que descubrirte y deslumbrarte. No te pospongas. Llevamos muchas semanas aletargadas emocionalmente y junio nos va a hacer salir de nuestra guarida.

Escríbete.

Mucho. Muchas líneas. Con tachones o sin ellos, pero hazlo. Prométeme que lo harás. Hoy quiero que seas tu propia escribana. Así que, te propongo un juego. Uno sencillo. Solo tienes que coger un boli y una hoja de papel. No pienses, deja que fluya, pero redáctate todo aquello que necesitas leer. ¿Quién mejor que tú para decírtelo? Eres la persona que mejor te conoce. Después, enróllalo, átalo con una cuerda y échalo en tu buzón. La noche de San Juan puede ser un bonito momento para leer en vez de quemar.

Lo que está claro es que el confinamiento nos ha dejado con ganas de vida y muchos vocablos entumecidos. Así que, por una vez, te pido que transfigures la cita al revés y te conviertas en dueña de tus palabras. Los silencios a veces también esclavizan, sobre todo cuando escondes los sentimientos que siempre te callas.

Querida musa, imagínate y hazte realidad.

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