Querida musa: este julio quiero explotar en fuegos artificiales

Querida musa,

las noches de estrellas han sido creadas para no extinguirse. ¿Cómo puede permanecer lo fugaz?

Míralo, allí, a millones de años luz… un deseo. ¿Observaste su fulgor? Los instantes siempre dejan una estela, como esa polaroid que se imprime entre risas y besos y luego pasa a marcar las páginas de un libro que se llena de polvo.

Pero es que llega julio entre latidos y parpadeos.

Latidos. Como la carrerilla que coges antes de tirarte a la piscina. O ese beso al atardecer que te acelera el corazón. O la emoción que sientes al sorprenderte escuchando la canción del verano mientras bailas desnuda delante del espejo de tu cuarto.

Parpadeos. Como los ojos que se inspiran de sueño tras una copa de vino. O la mirada lánguida que dedicas a quien te desvela. O las pupilas que intentan no cegarse ante un sol que se marchita y contemplas desafiante.

Julio.

¡Ay, julio!

Eres ese mes que tiene nombre de César, pero que no le declara la guerra a nadie porque anhelas que todos te conquisten.

Un emperador a la inversa que juega con su lengua de lluvia a ser torrente de una tarde prendida. Como esos cielos de fuego que nos arropan para bañarnos en oro. Como ese bochorno que nos sacude para transmutarnos en llamas y brisa.

¿Qué ocurre cuando el ardor se aviva?

Que espera impaciente a que llegue la noche para cubrirse de secretos que se cobijan entre dos cuerpos. Las historias más fogosas siempre ocurren en el estío, ante el resguardo de la luna que actúa de celestina.

¡Cuántas declaraciones inconfesables ante su espejo de plata!

¡Cuántos besos robados en la entrada de su alcoba!

Pero es que yo solo quiero subirme a su vuelo y tocar la nocturnidad de su cielo ante una explosión de fuegos artificiales, como cada uno de los veranos que paso desde que estoy contigo, aunque nunca te pertenezca.

Photo by Zuza Galczynska unsplash.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.