Querida musa: cuando te marchas, nunca regresas siendo la misma

Querida musa,

finalizar agosto siempre significa invadirme con nostalgia. Entonces mi corazón cruje y se acurruca junto a los recuerdos que un día juraron no morirse.

Como por ejemplo…

Todas aquellas veces en las que prometí serme fiel por encima de todo(s) lo demás. O los días en los que me sentí tan dolida que creía que nunca iba a levantar cabeza… pero lo hice.

Recibir a septiembre siempre es recibirme a mí misma. Me gusta mucho la sensación que me provoca. Porque me recuerdo y siento que, a pesar de las circunstancias que pueda vivir, siempre voy a tener una nueva oportunidad.

Claro que, esto es algo que sé desde que me fui a vivir al extranjero.

La primera vez que visité el país que más tarde sería mi vida fue hace 5 años, durante todo lo que duró ese mes de septiembre de 2016. Entonces no sabía lo que me esperaba y que, al volver, iba a ser una persona distinta.

Porque cuando te marchas nunca regresas siendo la misma. Los rostros de siempre ya no son los de siempre. Los lugares, sus comidas, los aromas… ya no son los mismos porque eres tú la que se muestra diferente. Y eso los modifica.

Es curioso pensar que nacemos sin encontrarnos y nos hallamos en un lugar diferente al hogar.

Pero es que el hogar solo es el cuerpo que habitas.

Nada más.

O eso es lo que me digo.

Y yo me encuentro cada vez que salgo de mí misma.

Da igual si se trata de una mudanza al extranjero, un viaje pasajero o, simplemente, si solo vas a abandonar la casa de tus padres.

Es el hecho de irse de donde siempre y no regresar más que para la visita…

Por eso septiembre siempre significa invadirme con nostalgia.

Porque yo ya no soy yo.

Pero es que ya no estoy dormida.

Foto de portada por Clarisse Meyer en Unsplash

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