Querida musa: agradecer es otra forma de florecer

Querida musa,

Parece que los viajes siempre llegan cuando se necesitan. Algo así me ha pasado con Budapest. Surgió la oportunidad casi sin detenerme a analizarla y, aunque han sido pocos días —con varios imprevistos de por medio—, me he bañado en su ciudad a base de pisadas y recuerdos.

Dejas de tener nombre en una ciudad que no conoces. Las identidades no solo se forjan con los sustantivos, pero despojarnos de ellos nos alivia la carga. Está bien no sentirme yo por unos días. Es placentero vagar sin la mochila del ego. ¡Ay, qué difícil puede resultar ser una misma!

Pero entonces te adentras en esas calles que no te han visto nunca. Los escaparates ya no te devuelven la mirada. Alzas la vista al cielo y los rayos de luz —que son los mismos, porque el sol es un astro tan grande que nos nutre a todos con el mismo trigo— te narran las últimas semanas.

Y te preguntas…

¿Será viajar otra forma de huir?

En una sociedad sobreestimulada, resulta cada vez más difícil sorprenderse. Pero la sorpresa está íntimamente ligada a la valía. Cuando te acostumbras a recibirlo todo, llega un momento en el que ese todo se desnuda de su cuantía. La hierba se vuelve más mustia. El aire se enrarece y pesa. Nada te sacia y, como el rey avaro, crees merecer cada uno de los regalos que te brinda la vida.

¿Es viajar huir de la indiferencia?

Budapest. Ciudad tan pintoresca como desconchada. Me he visto reflejada en su arquitectura. A una siempre le devuelven lo que irradia. Al despojarme del yo, lo he puesto en relieve y he podido observar cada una de sus punzantes sombras. La sobreestimulación marchita el carácter. También la valía de las cosas. Pero yo quiero seguir levantándome y calándome de sorpresa. Y, el día que no lo haga… ¡córtenme la cabeza! Ojalá contemplar la rutina con esos mismos ojos que se asombran ante una ciudad que no se conoce.

Sorprenderse es otorgarle valor a las cosas.

Validar es admirar lo que se tiene.

Admirar es la forma más pulcra de agradecer por lo que nos entregan.

Y agradecer… ¡Ah! Agradecer siempre será la manera más exquisita de dar frutos y flores.

Foto de portada por Amy Humphries en Unsplash

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